
La terapia conductual se desarrolló originalmente en gran medida, como una reacción contra la práctica del psicoanálisis. Los psicólogos sintieron que el psicoanálisis carecía de base empírica y que su eficacia no estaba garantizada. En esos primeros años no había aprecio entre los psicoanalistas y los terapeutas conductuales.
Desde la década de 1920, cuando Pavlov y Watson demostraron el poder del condicionamiento para afectar la conducta, se observó un incremento estable en el uso de procedimientos basados en el aprendizaje desarrollados para reducir los niveles de incomodidad emocional de los pacientes y eliminar sus conductas inadaptadas.

El experimento de Stanford, que quiso mostrar con una prisión ficticia que las situaciones extremas determinan comportamientos crueles, vuelve a ser actualidad con una película y un libro del profesor que lo dirigió en 1971. Philip Zimbardo, el profesor de la Universidad de Stanford autor del estudio, explica en su nuevo libro -'The Lucifer Effect: Understanding How Good People Turn Evil' (El efecto Lucifer: cómo la gente buena se convierte en mala)- por qué sus conclusiones siguen siendo relevantes tres décadas después.
Autor: temas-estudio
adounidense John B. Watson. En aquel entonces, la tendencia dominante en la psicología era el estudio de los fenómenos psíquicos internos mediante la introspección, método muy subjetivo. Watson no negaba la existencia de los fenómenos psíquicos internos, pero insistía en que tales experiencias no podían ser objeto de estudio científico porque no eran observables. Este enfoque estaba muy influido por las investigaciones pioneras de los fisiólogos rusos Iván Pávlov y Vladimir M. Bekhterev sobre el condicionamiento animal...